Existe una sola roca grabada, ubicada en el límite actual del cantón Gonzanamá con Catamayo, en la elevación llamada El Tablón, a la margen occidental del río y cerca de la ciudad homónima, a una altura de 1 445 m.s.n.m., desde donde se domina plenamente el valle. De manera natural, la roca se halla orientada hacia el este. Se llega al lugar tomando un desvío de la carretera que va de Catamayo a Cariamanga, pasando luego por el caserío La Algarrobera hasta situarse justo frente a la desembocadura del río Guayabal en el Catamayo, dato que presenta una singularidad ya que es el preciso punto donde este río cambia su curso sur norte para dirigirse hacia el sur oeste y formar el Chira que desemboca a su vez en el Pacífico. Es difícil asegurar que esta observación sea determinante en la interpretación científica del sitio, pero no deja de ser relevante, puesto que marca una doble línea de contacto, por un lado con la zona noroeste del Perú, y por otro con la zona noreste de la provincia (e indirectamente con los antiguos territorios cañaris), algo que ha sido ya demostrado por las investigaciones arqueológicas llevadas a cabo en la región.
En los sectores bajos del valle la Misión Francesa encontró cerámica del período formativo, las más tempranas tradiciones de la provincia, con una antigüedad mínima de 3700 años (Guffroy et al, 1987). Este dato sería una fecha tentativa de la máxima antigüedad del sitio Guayural. Sin embargo el valle fue ocupado durante todo el período prehispánico, quedando por determinar una datación valedera para los petroglifos.
Según J. Guffroy, los petroglifos podrían pertenecer a la segunda mitad del período de Desarrollo Regional, época en la cual existía al pie del mismo cerro asentamientos humanos de cierta importancia, lo que significaría que podrían contar con 1 500 a 2 000 años de antigüedad.
La roca, cuyo tamaño es de 7 m de largo por 6.5 m de ancho, se presenta como una plancha pétrea que se halla al mismo nivel del suelo, enclavada en la loma y con una inclinación de 30°. Se aprecia un total de 31 signos, labrados cuidadosamente y dejando ver un carácter dinámico y sensual en el trazo, puesto de manifiesto por el predominio del empleo de líneas curvas. Se puede apreciar un buen número de espirales tanto levógiras como dextrógiras, sueltas o contenidas en otros dibujos. También hay algunos círculos con puntos, representaciones faciales, antropomorfas y zoomorfas.
Las dimensiones de los dibujos varían entre 10 y 86 cm. Han sido labrados por percusión, en bajorrelieve lineal. La profundidad de los glifos es de 5mm y el ancho promedio de 2.5 cm.
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