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Sobre los ancestros aborígenes y su época (1)

Monumento a los Paltas en Catacocha
Los estudios arqueológicos realizados estos últimos veinte anos en la provincia de Loja (M.Temme, 1982, J.Guffroy, 1986, 1987, Idrovo y Gomis, 1997) han permitido reconstituir un primer panorama de lo que fue la ocupación del territorio lojano en la época prehispánica. Las más antiguas huellas actualmente conocidas corresponden a grupos de cazadores recolectores que recorrieron, cuando menos la zona de páramo ubicada al norte de la provincia, hace más de 10.000 años. De las primeras culturas agroalfareras, se han encontrado vestigios fechados en 3.700 años de antigüedad en el valle del río Catamayo, eje fluvial de la provincia. Las investigaciones que se han hecho hasta la actualidad permiten constatar que a partir de esa época la ocupación humana de la región se mantuvo constante durante toda la época prehispánica con la ocupación progresiva de todos los sectores de la provincia, y pequeñas diferencias culturales locales.
Una ruptura cultural importante interviene entre los siglos VII y VIII de nuestra era con la llegada de nuevos grupos de población, probablemente oriundos de la Amazonia, pertenecientes a la familia lingüística Jíbaro.
Los cronistas españoles designan con el nombre genérico de ´Paltas´ a estos habitantes aborígenes proto-Jíbaros que ocupaban la provincia de Loja, al momento de la llegada de los Incas, en el siglo XV. Sin embargo no se puede hablar de un grupo homogéneo. Al momento de la conquista española existían varios subgrupos al parecer diferenciados por sus dialectos: Paltas, en la zona central y norteña de la provincia, los Calvas, hacia el sur, los Malacatos en el este y los Bracamoros en la vertiente oriental de la cordillera. La lengua de los paltas, a su vez, contaba con al menos seis variedades. Otros grupos vecinos, pertenecientes a etnias diferentes corresponden a los Cañaris, ubicados en el extremo norte de la provincia, así como grupos denominados yungas vinculados a la costa peruana.
Los arqueólogos rastrean los cambios culturales en las sociedades agro alfareras mediante las variaciones que intervienen en los vestigios materiales dejados por las antiguas sociedades (herramientas, objetos en cerámica, textiles, restos de construcciones, etc.) El estudio de los diversos estilos cerámicos y de sus evoluciones permite poner en evidencia cambios culturales determinantes tales como ciertas evoluciones sociales, influencias de grupos vecinos o la llegada de nuevas poblaciones con tradiciones distintas.
El estado actual de los conocimientos no permite definir con precisión la edad y los autores del arte rupestre de Loja, que además podrían haber sido realizados en épocas diversas. Según mi punto de vista, y ateniéndonos a lo descrito anteriormente se podría pensar en la existencia de dos tradiciones dominantes: la una venida del oriente ecuatoriano y la otra de origen andino, quizá desarrollada desde siglos atrás en el mismo territorio o influenciada por las culturas de la costa norte peruana. Podría usarse este argumento para explicar las dos tendencias que se hallan con mayor frecuencia en los petroglifos de Loja: por un lado los grabados de líneas curvas y surcos que parecen haber sido hechos por raspado, o un tallado que luego pulieron; y por otro, aquellos que muestran señales claras de talla y manejan líneas rectas sin preocuparse por el pulido. Claro está que estas características pueden explicarse por la diferencia del material rocoso y la convivencia de técnicas distintas. Pero llama la atención además que los motivos son distintos para uno u otro caso. Una mirada a los petroglifos encontrados en el Oriente ecuatoriano nos indica cierta analogía por el uso de la técnica con varios grabados de Loja. Los primeros hacen uso de símbolos orgánicos mientras que en los segundos se dejan ver reminiscencias solares. Tal vez esto pueda ser indicio de la confluencia de dos culturas, una con origen amazónico, identificada con la naturaleza animal, y otra de origen andino, emparentada con un culto solar.
Al momento se están realizando interesantes descubrimientos en la vecina provincia de Zamora Chinchipe. El arqueólogo Francisco Valdez ha dado a conocer un primer avance de las investigaciones. Las excavaciones realizadas en el sitio Santa Ana de la Florida, cerca de Palanda, arrojan datos que hablan de la presencia de un grupo humano con rasgos culturales muy desarrollados que poblaron el sitio durante el período formativo, hace 4 500 años.
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