I
Dios, cual sol grande y jubiloso brinda luz radiante, majestuosa, ilumina los corazones contritos y fulgura amor al vástago.
¡Oh! Dios mío misericordioso, brotas tu amor, cual un rocío, quien llega a conocerte no quiere vivir sin verte ni tenerte.
Con antífonas y alabanzas, con plegarias jaculatorias tus hijos se entusiasman, cual lucero en el firmamento que impacta a quien lo observa. Padre, ya no puedo vivir sin tenerte. Ingresar un comentario
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