MOROCHO SINCHE LOURDES ISABEL
De Computacion
Sociedad del Conocimiento
Distinción entre conocimiento, información e innovación
De acuerdo Tylak (2002:298), “el conocimiento es un concepto amplio cuyo alcance y fronteras son difíciles de definir. Stehr (2001), define el conocimiento como la “capacidad de actuar”, es decir, como el “potencial de poner algo en movimiento”. Siguiendo la misma idea, David y Foray afirman que el conocimiento dota a sus poseedores de la “capacidad de acción manual o intelectual” David y Foray (2002: 9). La información, por otro lado, toma la forma de un conjunto de datos estructurados y formateados que permanecen pasivos hasta que son usados por quienes poseen el conocimiento necesario para interpretarlos y procesarlos. Fritz Machlup (1980) fue uno de los primeros autores que trató de establecer una diferenciación entre información y conocimiento. Él usó el término “información” para referirse al acto o proceso por el cual el conocimiento (ya sea una señal o un mensaje) es transmitido, y definió el conocimiento como cualquier actividad humana eficazmente diseñada para crear, alterar, o confirmar en la mente humana (propia o de alguien más) una percepción significativa, comprensible o consciente (Brint, 2001). El concepto de conocimiento de Machlup es muy amplio y no se reduce sólo al conocimiento científico, tecnológico, intelectual o práctico. Lo anterior es importante porque hasta muy recientemente se pensó que únicamente la ciencia podría hacer contribuciones originales al conocimiento. Sin embargo, como se expondrá más adelante, el conocimiento usado por las organizaciones proviene de diferentes tipos de conocimiento (científico, tecnológico, legal, etc.), cuya integración crea algo único en la forma de innovación. Tal conocimiento tiene un carácter colectivo (que no resulta de la simple suma de piezas de conocimiento), y requiere de comunicación (Saviotti, 1998a:41). Algunos economistas (principalmente aquellos situados en la perspectiva “neoevolucionista” o “institucionalista”, (Dosi, 1996:84), también han distinguido entre información y conocimiento. La primera, incorpora proposiciones bien sustentadas y codificadas acerca del “estado del mundo” (por ejemplo, “está lloviendo”), propiedades de la naturaleza (A causa B), o algoritmos explícitos sobre cómo hacer las cosas. Por su parte, el conocimiento incluye, según la definición de Dosi, los siguientes aspectos: i) categorías cognoscitivas, ii) códigos de interpretación de la información, iii) habilidades tácitas; iv) solución de problemas. David y Foray afirman que la distinción entre conocimiento e información se vuelve más clara cuando se analizan las condiciones en que se presenta la producción de conocimiento y la información. Así, mientras el costo de reproducir cantidades de información no implica más que precio de hacer las copias, reproducir conocimiento es un proceso bastante más caro y complejo “porque la capacidad cognitiva no es fácil de articular explícitamente o de transferirla a otros (...)” (David y Foray, 2002:13). Soete sostiene que la información tiene bastantes características de artículo de consumo, en tanto que el conocimiento es un concepto mucho más extenso que incluye no sólo “información codificada” sino también otras clases de conocimiento, por ejemplo, el conocimiento local ,es decir, cercano a la tecnología de la firma (Nelson y Winter, 1982; Saviotti, 1998b), el conocimiento específico y acumulativo (Pavitt, 1984); o bien, el conocimiento tácito o codificado (véase más adelante) (Polanyi, 1958; Teece, 1981; Nelson y Winter, 1982).
En principio, el conocimiento tiene que ser objeto de un aprovechamiento compartido. No obstante, a partir del momento en que se convierte en información tiene un precio. A este respecto, debemos preguntarnos dónde se sitúa el imprescindible compromiso entre la universalidad del conocimiento que supone su accesibilidad para todos, sin excepciones y el respeto del derecho de propiedad intelectual [4].
Que soluciones concretas propone la Unesco en su informe Hacia las sociedades del conocimiento? He aquí algunos ejemplos:
Invertir más en una educación de calidad para todos. Esta es la clave de una igualdad de oportunidades real. Los países tendrían que dedicar una parte considerable de su Producto Nacional Bruto a la educación, y la asistencia oficial para el desarrollo de la comunidad internacional tendría que orientarse más hacia la educación. Los gobiernos, el sector privado y los interlocutores sociales tendrán que examinar la posibilidad de establecer paulatinamente, a lo largo del siglo XXI, un crédito-tiempo para la educación que otorgue a toda persona el derecho a cursar un cierto número de años de estudios después de la escolaridad obligatoria. Así, todos podrán formarse a lo largo de toda la vida y los que hayan abandonado prematuramente el sistema educativo tendrán una segunda oportunidad. Si es preciso invertir en una investigación científica de calidad capaz de afrontar los desafíos del futuro, también es necesario promover modalidades concretas e innovadoras de aprovechamiento compartido del saber, por ejemplo el "colaboratorio". Esta nueva institución virtual, que fusiona en una sola las palabras laboratorio y colaboración, permite a los investigadores trabajar en redes que trascienden las fronteras. Esta innovación, que ya ha permitido descifrar el genoma humano, podría transformar la relación entre los países del Norte y los del Sur en el campo de la ciencia y poner coto a la fuga de cerebros. Hay que promover también la diversidad lingüística en las nuevas sociedades del conocimiento y valorar el saber autóctono y tradicional [4].
Las Administraciones públicas iberoamericanas, en mayor o menor medida, se encuentran en un proceso de cambio con el fin de posibilitar el uso racional y eficaz de las nuevas tecnologías en la gestión y comunicación, teniendo siempre presente sus obligaciones con los sectores menos favorecidos. Se plantea en este contexto una serie de necesidades entre las cuales destacan: • Estudiar y profundizar en el desarrollo de nuevos modelos de intervención que posibiliten a las Administraciones cumplir eficazmente su rol. • Fomentar políticas de evaluación de la funcionalidad de las herramientas tecnológicas que se emplean, así como de las que se adquieran. • Formar a los empleados públicos para un eficiente y seguro uso de estas tecnologías. Se debe considerar las posibilidades que tiene la teleformación en este proceso. • Adecuar las legislaciones sobre contratación para que los procesos de adquisición de bienes y servicios tecnológicos sean económicamente eficientes [1]. BIBLIOGRAFIA http://es.wikipedia.org/wiki/Sociedad_del_conocimiento http://www.campus-oei.org/ctsi/conocimiento.htm http://www.ub.es/prometheus21/articulos/obsciberprome/socinfsoccon.pdf http://www.educacionenvalores.org/article.php3?id_article=461 http://www.sociedadconocimiento.unam.mx/
