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Con una antigüedad que sobrepasa los 2000 años a. C., Narrío inicia una secuencia cultural que deviene al final en la famosa cultura Cañari. Su cerámica es tan fina que la han llamado tipo cáscara de huevo y por su delicadeza no es fácil encontrar piezas enteras. Su decoración preferida fue con cabecitas de aves o animales, como las que se exhiben.Las piezas más características son los RUCUYAYAS o imágenes de sus antepasados, hechas en conchas, con figuración humana.
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Sus grandes ojos, con incrustaciones de madre perla iluminaban el camino hacia el paraíso, en un viaje largo y difícil. Se consideran como exvotos funerarios o como talismanes protectores de quienes los portaban.De conchas comercializadas con la Costa, de astas y de huesos de animales hicieron una gran variedad de instrumentos, herramientas y adornos, incluyendo los misteriosos depósitos llamados por Garcilaso de la Vega piojeros.
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