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Antropología Cultural
Subtítulo de la sección
Por más servir a V. A. y acrecentar vuestra Corona Real, acepté la conquista y descubrimiento de la Gobernación de Yaguarzongo y Pacamoros; para hacerlo, junté 250 hombres, poco más o menos, socorriéndolos en lo necesario para su aviamiento, armas, municiones, pertrechos de guerra.
Entrado en la dicha Gobernación, con la dicha gente de soldad y mucha cantidad de ganados para el sustento de ellos, continuo tuve gran cuidado para que los naturales no recibiesen daño en sus personas y haciendas de los soldados e gente de guerra que llevé, e hice algunas ordenanzas e proveimientos acerca de la dicho e conservación e buen tratamiento, e si algunos soldados excedían de lo dicho los castigaba sin remisión, e todo el tiempo que duró el dicho descubrimiento, tuve e guardé esta orden; y así mismo primero que llegase a las provincias y poblaciones, les enviaba muchos mensajeros persuadiéndolos a la paz y que no tuviesen miedo, que no iba a hacerles mal ni daño ni lo recibirían en sus personas ni haciendas, sino enseñarles lo que convenía a su salvación y que viviesen en pulicía como hombres de razón.
Entrado en la dicha Gobernación poblé la ciudad de Valladolid donde hallé disposición de tierra para ello, en cuyo sustento dejé 100 hombres, y con los demás proseguí el dicho descubrimiento, rompiendo grandes montañas y sierras, puertos y cordilleras y despoblados, en la cual y romper caminos y hacerlos pasar los caballos, se padecieron increíbles trabajos, a cuya causa y necesidad de hombre, murieron y adolecieron parte de los soldados y gente que llevaba, y algunos acobardados de los trabajos y peligros, hambres, muertes, dolencias y motines, proseguí el dicho descubrimiento e jornada sin que los émulos dichos e contrarios fuesen parte para me hacer volverme atrás.
Proseguí el dicho descubrimiento hasta que me hallé cercado de dos caudalosos ríos; y así en la mejor disposición que por allí halle poblé el pueblo de Santiago, donde dejé parte de los soldados y gente que llevaba y algunos enfermos y todos los caballos y con los más que estaban recios, que serían hasta sesenta hombres, me embarqué en uno de los dichos ríos en canoas muy pequeñas, por no tener parejos para hacer bergantines, ni barcos por haberme consumido todo con los trabajos y montañas que pasé con el riesgo de la vida que se podía imaginar, por noticia que los naturales me dieron de buena tierra, el río abajo, me embarqué con el dicho número de soldados y navegué río abajo pasando raudales y angosturas pasos temerarios, especialmente el que los indios llaman Pongo, que es cosa temerosa, donde yo y la gente que llevaba, estuvimos en términos de padecer todos y se trastornaron muchas canoas y se perdieron muchas armas y municiones.
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Con las pérdidas, riesgos y peligros dichos, proseguí el dicho descubrimiento e jornada por el dicho río abajo, y por otros arriba de continuo por agua, en las dichas canoas, más de seiscientas leguas, siguiendo las noticias que me habían dado, pasando grandes despoblados, hambres, necesidades y trabajos hasta que al cabo de dichas seiscientas leguas de navegación, me hallé a las espaldas del Cuzco, convertiéndoseme la gran noticia que me habían dado y llegaba en el propio Cuzco.
En todos los descubrimientos, riesgos y trabajos dichos fui de continuo el primero de ellos, sin reservar mi persona de ninguno que fueron tantos, que a fuerza de remos se encaminaron las dichas seiscientas leguas y otras tantas de vuelta, que fueron todas más de mil doscientas, en la cual jornada, entre otros riesgos que por mí pasaron fue en uno de raudal temerario, donde se me trastornó la canoa en que con riesgo de la vida por no saber nadar, y así gran rato salí con la cabeza hendida y el cuerpo hecho pedazos, de que se me descrecieron así desde trabajo como otras muchas enfermedades.
El dicho descubrimiento y jornada que hice fue de los señalados y de más trabajo e riesgo que se ha hecho en las Indias, e de que redundó gran servicio a Dios Nuestro Señor y a V. A., por haber dado como di claridad a este Reino, de las noticias y entradas que en él había, para que no se perdieran más capitanes ni gente en ellos, como hasta entonces habían perdido.
Después que salí del dicho descubrimiento, perdido, gastado y endeudado, se me encargó, en nombre de V. A. la Gobernación de las ciudades de San Miguel, Loxa, Zamora y Jaén, y que las goberné tuve en todas quietud y justicia, poco menos de tres años.
Con larga ausencia que con el dicho descubrimiento hice, teniéndome por muerto como fue opinión en todo este Reino, se despoblaron las ciudades de Valladolid y Santiago de las Montañas que había dejado pobladas en la dicha Gobernación, las cuales que salí perdido de las dichas ciudades yo he tomado a poblar y reedificar y he poblado otras dos, que son la ciudad de Loyola y Santa María de Nieva, las cuales dichas poblaciones de los dichos cuatro pueblos he hecho con no poco trabajo de mi persona y gastos, con que he añadido deudas a deudas por más servir a V. A. y ampliar vuestra Corona Real.
Referente:
Pío Jaramillo Alvarado, HISTORIA DE LOJA Y SU PROVINCIA
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