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Religión
Subtítulo de la sección
Por más servir a V. A. y acrecentar vuestra Corona Real, acepté la conquista y descubrimiento de la Gobernación de Yaguarzongo y Pacamoros; para hacerlo, junté 250 hombres, poco más o menos, socorriéndolos en lo necesario para su aviamiento, armas, municiones, pertrechos de guerra.
Entrado en la dicha Gobernación, con la dicha gente de soldad y mucha cantidad de ganados para el sustento de ellos, continuo tuve gran cuidado para que los naturales no recibiesen daño en sus personas y haciendas de los soldados e gente de guerra que llevé, e hice algunas ordenanzas e proveimientos acerca de la dicho e conservación e buen tratamiento, e si algunos soldados excedían de lo dicho los castigaba sin remisión, e todo el tiempo que duró el dicho descubrimiento, tuve e guardé esta orden; y así mismo primero que llegase a las provincias y poblaciones, les enviaba muchos mensajeros persuadiéndolos a la paz y que no tuviesen miedo, que no iba a hacerles mal ni daño ni lo recibirían en sus personas ni haciendas, sino enseñarles lo que convenía a su salvación y que viviesen en pulicía como hombres de razón.
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Con las pérdidas, riesgos y peligros dichos, proseguí el dicho descubrimiento e jornada por el dicho río abajo, y por otros arriba de continuo por agua, en las dichas canoas, más de seiscientas leguas, siguiendo las noticias que me habían dado, pasando grandes despoblados, hambres, necesidades y trabajos hasta que al cabo de dichas seiscientas leguas de navegación, me hallé a las espaldas del Cuzco, convertiéndoseme la gran noticia que me habían dado y llegaba en el propio Cuzco.
En todos los descubrimientos, riesgos y trabajos dichos fui de continuo el primero de ellos, sin reservar mi persona de ninguno que fueron tantos, que a fuerza de remos se encaminaron las dichas seiscientas leguas y otras tantas de vuelta, que fueron todas más de mil doscientas, en la cual jornada, entre otros riesgos que por mí pasaron fue en uno de raudal temerario, donde se me trastornó la canoa en que con riesgo de la vida por no saber nadar, y así gran rato salí con la cabeza hendida y el cuerpo hecho pedazos, de que se me descrecieron así desde trabajo como otras muchas enfermedades.
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